Metáforas de la cocina aplicadas a la Educación.

publicado a la‎(s)‎ 30 ene. 2016 10:28 por Jose Maria Ajenjo   [ actualizado el 30 ene. 2016 10:30 ]
¿En qué se parece un plato a una clase? Si de ingredientes diferentes podemos obtener un menú delicioso, ¿podemos reunir la diversidad de nuestros alumnos para para hacer, todos juntos, una buena clase... rica, rica? ¿Es posible tratar a cada niño con la delicadeza con la que un gran cocinero trata cada ingrediente, para presentar un plato delicioso con una apariencia inmejorable?

 

Esto es lo que que Adrià Inglés, ex alumno de nuestro centro, vino a contarnos a los profesores en el taller "Metáforas de la Cocina Aplicadas a la Educación". Durante más de tres horas (el taller tenía una duración prevista de dos, pero la alegría, el buen ambiente y el inmejorable trabajo de Adrià nos llevaron a preguntar, participar, reír...), nuestro ex alumno tomó el rol de profe, y los que le habíamos dado clase, nos pusimos en sus manos y fuimos alumnos ejemplares: miramos con atención, escuchamos con pasión, participamos con alegría, sin miedo a equivocarnos, hicimos todos los deberes... y obtuvimos el aprobado, con nota (dicho de otro modo, nos zampamos, con verdadera fruición, los platos preparados). 

 

Con nuestro delantal bien puesto, nos pusimos a la faena, para la elaboración de platos deliciosos, como el  "Nem vietnamita de escalibada vegetal con salsa de soja, miel y cebolla encurtida"; el "Tataki de atún con tirabeques, salicornia, wakame y wasabi" y otros con nombres igualmente sugerentes (y raros, todo hay que decirlo). Todo ello acompañado de referencias a la educación y metáforas para reflexionar. 

 

No podemos decir si lo mejor, fue la clase, o la merienda-cena final. Todas fueron buenas, pero lo que realmente nos llenó el corazón de alegría fue ver a un ex alumno que, años después, quiso compartir con nosotros estos momentos, según su testimonio, para agradecer todo lo que le habíamos enseñado y lo que con nosotros había vivido. 

 

Y ahí estaba, nuestro pequeño Adrià, hecho un joven profesional, un gran cocinero, un hombre con ambición por aprender y ser un grande de la cocina... lo vimos imparable en ese camino del crecimiento, de la excelencia y de la mejora continua. Adrià nos ha recordado el valor de luchar por un objetivo, y de ir escalando, poco a poco, al éxito, guardando la humildad de quien no olvida sus raíces. 

 

Gracias, Adrià, por tu presencia regular entre nosotros, por tus visitas frecuentes, y por este taller en el que nos has dado mucho más que unas recetas de cocina. 

  
 
 
 
 
 
 



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